Por Jimina Sabadú
En tiempos de crisis uno tiene que probarlo todo o casi todo. Por eso me presento cada día a diez trabajos. Muchas veces ya hay más de mil personas apuntadas cuando me inscribo a la oferta de un puesto vacante. Pero cuando el anuncio lleva menos de dos horas puesto, llego entre los cincuenta primeros y tengo posibilidades de que me entrevisten. De estas entrevistas he sacado algunas experiencias que pensaba recopilar en un libro que se llamaría “Benelux”, pero he pensado que quizás no quiero hacerlo. Sin embargo, me gusta, de vez en cuando, contarle estas entrevistas a mis amigos porque las cosas están feas y las entrevistas de trabajo se han convertido en un abismo de mezquindad importante. La más reciente ha sido gracias a un anuncio en segundamano.es. Guardo en mi Flickr capturas de pantalla de trabajos que se ofrecen en esta web. A veces piden una mujer que trabaje en tareas del hogar, régimen interno, una tarde libre a la semana, que sepa cocinar (cocinar bien. Especifican que tiene que cocinar bien), planchar, que cuide de los niños y de los ancianos, y que tenga una educación exquisita. Suelen ofrecer 500-600 euros. Últimamente prolifera el trueque: hombres solteros ofrecen alojamiento y comida a cambio de sexo. A veces me veo tentada a responder a alguno de estos anuncios solo para ver cómo es la persona que los escribe. Pero de momento, no lo hago. En el primer caso me vería obligada a ir hasta alguna urbanización en las afueras, tras -seguramente – dos horas en el transporte público. En el segundo caso acabaría en una situación muy desagradable en la que no quiero verme envuelta. Por eso, de momento, solo me presento a cosas que veo que no afectan a mi seguridad.
Hace años pensaba que una oferta de trabajo tenía que estar escrita sin faltas y remitirme a una dirección de correo que no fuera Yahoo o Hotmail. Esto ya no es así. El otro día respondí a un anuncio escrito por completo en letras mayúsculas, y que habían colocado en un día festivo. Adjunté uno de los currícula que tengo (en el que menos estudios y experiencia aparecen) y asumí que nadie me respondería. Pero me respondieron. Cortopego el mensaje para conservar el efecto plástico que seguramente ellos nunca buscaron.
Buenos tardes
Esperamos tener su respuesta,para una entrevista personal
ya que vimos su interes
De trabajar en nuestra empresa
al responder nuestro anuncio en segundamano
Las entrevistas se efectuaran el dia lunes 12/12/2011
Presentarse con su cv, buena presencia
En el horario de 17.00 a 19.30 hs,en calle
------- 4 local a pie de calle
Metro ventura Rodríguez llinea 3
Preguntar por el sr ---- srta ----
Un saludo
Durante una hora o dos pensé que el anuncio era de verdad, pero no dejaba de pensar en su estructura de poema dadá. La inquietud me llevó a buscar la empresa en Google, y me salió el blog de un transexual que había tenido una mala experiencia con ellos. Al parecer, era un negocio piramidal donde te daban clases de motivación como en “El Año de la Garrapata” y donde te prometían que con esfuerzo, sacrificio, y tiempo, pronto estarías ganando ocho o nueve mil euros al mes. Los comentarios del blog estaban llenos de defensores y detractores. Todo ellos estaban cortados por el mismo patrón: los defensores de la empresa eran analfabetos funcionales, y los detractores, gente con nociones básicas de ortografía y pinta de estar muy quemada.
El anuncio pedía en teoría comerciales telefónicos para Jazztel. Creo que con eso lo he dicho todo. Como en el mail pedían buena presencia, me puse un sombrero de fieltro, un uglychristmas, unos shorts vaqueros, una chupa vieja, y unos leotardos negros. Cuando llegué allí, una docena de chicas hablaban por teléfono en una habitación sin ventanas en un piso bajo. Una de ellas me indicó donde eran las entrevistas. El hombre que me atendió insistió mucho en que me quitara el abrigo y se sentó a mi lado en el sofá, haciendo ese gesto de acercamiento físico que consiste en cruzar las piernas hacia el lado del interlocutor. Lo que en mi mundo significa “huye”. Si alguien quiere que te sientas cómodo en una situación que no lo es, nunca es por nada bueno. El hombre me explicó que contrato, lo que era contrato, no me iban a hacer. Había descubierto que la gente trabajaba mejor a comisión. Me prometió miles de euros y ascender en la empresa a largo plazo. Me preguntó si yo me veía allí a largo plazo. Le dije que cuatro años no, pero que uno sí. “¿Tanto tiempo?” dijo. Vaya. Este hombre piensa desmantelar esto muy pronto, me dije. Mostró mucho interés en saber si yo pagaba alquiler. Le gustó ver que no. Porque, claro, como tenga que pagar un alquiler a base de comisiones, voy lista.
Tras un rato de promesas de gloria y riqueza, me explicó el trabajo. Yo, con mi abono transporte, cogería el metro cada día y me iría a una zona de Madrid. En ella, con un listado en la mano, iría llamando puerta por puerta a antiguos clientes de empresas grandes (entre ellas, Jazztel) para convencerles de que volvieran con nosotros. Con los señores que habían contratado a una empresa que a su vez había contratado a otra empresa que a su vez me había llamado a mi. Si convencía a algún ex cliente, me llevaría una comisión ligeramente inferior a los 50 euros. Si no, no me llevaría nada. Le pregunté si era posible ir con un suelo fijo, y me dijo que era posible tener un sueldo fijo si hacía 30 contratos al mes. Si lo hago, cobro 800€. Si no los hago, no cobro nada. 30 contratos al mes, que son más de un contrato al día, ya que de cada semana hay dos días que no se hace. Es decir, que para cobrar ese dinero, debería de encontrar más de un jubilado o parado en su casa entre mis listas Excel. Convencerles de que vinieran con nosotros, y hacerles firmar algo de lo que seguramente se fueran a arrepentir durante varios meses. Le pregunté si había algún sueldo base otra vez. Que no había, pero que cuando aprendiera, me iba a forrar. La gente que entraba y salía tenía pinta de muchas cosas, pero no de estar forrada.
Me preguntó si me interesaba y le dije que sí. Me fui de allí con la seguridad de que nunca volvería. Claro que me interesa. Ver cómo empresas grandes siempre asociadas a contratos engañosos (cualquier teleoperadora tiene cientos de miles de entradas llenas de quejas de gente que aceptó uno de estos contratos por teléfono o de extraños visitantes) subcontratan a extrañas empresas piramidales donde buscan a gente desesperada me interesa. Me interesa saber por qué el dinero invertido en campañas de publicidad no se invierte, al menos en parte, en dar un buen servicio que redunde en trabajos dignos para más gente. Me interesa mucho saber por qué estas cosas pasan y por qué se permiten. Después, con mi disfraz navideño, empecé a subir la Gran Vía.