Por Rocío Tizón
Veo con asombro en una tienda de libros que hay un ejemplar llamado El dossier Drácula. El atrayente subtítulo reza: ¿y si Bram Stoker hubiera conocido a Jack el Destripador? Según la sinopsis del mismo, alguien recibe un paquete perteneciente a Stoker que contiene cartas y un diario del autor, junto a recortes de prensa de los asesinatos de Whitechapel que prueban que el escritor de Drácula tenía la clave de todo.
A los fans de Drácula nos duele un poco el pecho cuando pensamos en otra aventura del estilo: ¿qué pasaría si…? porque ya estamos escarmentados. El verano pasado, leí por curiosidad Drácula, el no muerto, cuyo título prometía porque estaba escrito por el sobrino biznieto de Stoker. Era la única continuación a la que la familia había dado el visto bueno, y además, contaba con la colaboración de Ian Holt, historiador miembro de la Sociedad Transilvana de Drácula. Pues bien, Drace Stoker, que así se llama el perpetrador de la historia, comienza su historia veinticinco años después de la muerte del vampiro. El protagonista es Quincey, el hijo del matrimonio Harker, quien aparte de estudiar Derecho como su padre, es un gran amante del teatro. Gracias a esta afición conoce al actor rumano Basarab, y al enterarse de que se va a poner en marcha una producción teatral sobre Drácula, hecha por Bram Stoker, intentará que su amigo trabaje en ella. Cuando empieza a investigar sobre la obra, se encuentra con que las cosas no son lo que parecen, y con que una gran amenaza se cierne sobre todos aquellos que vivieron la historia original.
A pesar de que se supone que la obra está escrita sobre las notas originales de Bram Stoker, a pesar de guiños, como el hecho de que Drácula, el no muerto iba a ser en un principio el título original de la obra de Stoker, y a pesar de que su intención original era, en palabras del propio autor, devolverle la dignidad a Drácula y a Bram Stoker, haciendo la novela que los lectores llevan cien años esperando, lo cierto es que la obra no pasa de ser una colección de tópicos vergonzosos mezclado con un pastiche de otras creaciones.
Claro, que, a pesar de que es la única obra “autorizada” por la propia familia, los agravios contra Stoker se remontan a años atrás, cuando un autor llamado Fred Saberhagen escribió La Voz de Drácula. Al igual que las novelas anteriormente citadas, también parte de una suposición: ¿y si Drácula hubiera sido injustamente juzgado? En este libro, el propio Conde graba unas cintas donde explica su versión de los hechos. En realidad, Drácula no es un ser sanguinario y cruel que se alimenta de sangre y que ataca a inocentes, sino que todo es un gran malentendido. En realidad, el Conde hizo todo lo que hizo por amor a Mina (un amor correspondido además). Ahora, más de uno estará pensando en la película de Francis Ford Coppola, y hace bien, porque Saberhagen colaboró en la redacción del guión de la misma. Por eso, quizá encontremos a un Van Helsing tan sobreactuado, borrachín y tarado, porque es lo que el Drácula de Saberhagen sugirió en su novela.
Pero no es la única novela que plantea una visión diferente de la historia de Drácula. Kim Newman publicó no una, sino varias novelas en las que sitúa al conde vampiro en una historia alternativa. Entre estas destacan El Año de Drácula y La Era de Drácula. De nuevo partimos de una hipótesis: ¿y si los héroes no hubieran acabado con Drácula? Bueno, pues aquí tenemos la respuesta: el conde instauró un régimen de terror en Inglaterra, creando una sociedad en la que los vampiros dominan a los humanos (es decir, como True Blood, pero menos glamouroso). Para ello, se casó con la Reina Victoria de Inglaterra y puso a vampiros de su confianza en los principales cargos de gobierno. Sin embargo, su reinado no es seguro, ya que en el barrio londinense de Whitechapel comienzan a producirse asesinatos de prostitutas vampiro a manos de Jack el Destripador. Un mortal llamado Charles Bauregard, miembro del Club Diógenes, será el encargado de la investigación.
En obras posteriores, Newman también abordó la huída de Drácula a Alemania, donde pilotará el mítico Barón Rojo, o la boda del vampiro en Italia, ambientada según las películas de Fellini. A pesar de lo absurdo de sus argumentos, sus obras han ganado varios premios, y estuvieron a punto de ser escritas en cooperación con Neil Gaiman.
Por lo tanto, a la vista de estas novelas, podemos afirmar que es rentable meterse con Stoker. Con Drácula no, porque parece que puede defenderse él solo, pero con su autor sí. Toda esta corriente de alabadas novelas parte de la base de coger un mito y destrozar su espíritu. Drácula ha entrado en la historia de la literatura no sólo porque sea una novela en la que al final triunfa el Bien. Stoker consiguió crear una figura lo suficientemente duradera como para dar miedo a varias generaciones después, a pesar de las adulteraciones a las que haya sido sometida. Habla del miedo a la muerte, a la sangre, y a la propia sexualidad. Toca temas que son tabúes, pero no por ello dejan de ser inherentes al hombre. Por eso se ha convertido en clásico. Al menos nos queda el consuelo de pensar que los libros que se limitan a trapichear con su historia nunca llegarán a eso.
1 comentario:
Precisamente hablé en el post de hace unos días de la obra de Bram Stoker. Creo que si hubiésemos conocido diferentes elementos, personajes e historias en el momento adecuado, la historia hubiese sido distinta y otro gallo nos hubiera cantado.
Besitos popfilácticos
http://popfilaxis.blogspot.com
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