martes, 15 de noviembre de 2011

Los escritores y los gatos



Es curioso comprobar cómo a lo largo de la historia de la literatura, se nos han ido ofreciendo ejemplos fehacientes de lo provechosa que puede llegar a ser la asociación con un gato.

Es bien sabido que escritores como Borges, tenía en sus mascotas felinas Beppo y Odín unos grandes amigos, y que ha sido uno de los mejores literatos del siglo XX. Llegó a afirmar que “el gato es eterno, pues para él, el tiempo no existe”. Esta afición era compartida por otro argentino famoso y escritor, Julio Cortázar. El escritor del que me ocupaba hace poco, Haruki Murakami, siente una verdadera devoción por estos animales, que llegan a aparecer de manera profusa en toda su obra. Y tampoco le ha ido mal parece. Además, James Joyce transcribe en Ulises los sonidos completos que hace un gato enfadado. E incluso Hemingway albergaba en su casa de Cuba a treinta y cuatro gatos mientras escribía Adiós a las Armas.  
También al otro lado del Atlántico, en Chile, Pablo Neruda declaraba su amor a los gatos en varias poesías. Sigue siendo el poeta latinoamericano más leído.

El británico Terry Pratchett llegó a afirmar “los gatos fueron dioses una vez. Y ellos no lo han olvidado”. También es un gran ejemplo de éxito literario, aunque sólo sea porque sus libros son los más robados en las librerías de Reino Unido. Pero para todos aquellos que conozcan su obra, Pratchett tiene una mirada mordaz e irónica sobre la realidad, lo que le convierte en un cronista acertado de las virtudes y defectos de nuestro mundo, pero reflejado en una ciudad medieval, Ankh-Morpork.

También inglés y amante de los gatos era Lewis Carroll, quien le puso al gato de Alicia en el País de las Maravillas el nombre de Cheshire, su lugar de nacimiento.

En el reino de los cuentos y novelas de terror, los felinos también se llevan la palma. La escritora Poppy Z. Brite tiene un albergue de gatos en su jardín y se dedica a darlos cobijo y a buscarles un hogar. Su obra más famosa, La música de los vampiros, agotada durante mucho tiempo, ha sido recientemente reeditada por La Factoría de Ideas.

A H.P Lovecraft, quien creó algo más que una cosmogonía de dioses primigenios y arquetípicos, no sabemos si le gustaban los gatos. Mal no le caían al menos, como prueba su obra. En su relato Los gatos de Ulthar, se dice que ningún hombre puede dañar a un gato “pues el gato es críptico y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver” y la pareja que se dedica a hacer daño a estos animales acaba bastante mal. Sin embargo, al otro grande del terror, los gatos no le gustaban especialmente. Dicen por ahí que su mujer Virginia Clemm, enferma de tuberculosis, tenía un gato que se dedicaba a lamer del suelo la sangre que tosía. Poe le cogió tal manía que en venganza escribió El gato negro, donde un hombre recoge a un gato, y al final el animal se la lía. Su traductor, Charles Baudelaire, también tenía devoción por estos animales. Algo parecido a lo de Poe pasa con otro maestro actual del terror, Stephen King, a quien no sabemos si estos animales le gustan o no, pero el gato de Cementerio de Animales resucitaba y daba malas ideas al padre.

A los rusos también les ha ido más o menos bien en su relación con los mininos. Y si no, ahí está el gato Popota, de El Maestro y Margarita, de Bulgakov para recordárnoslo. Y aunque al escritor no le fue demasiado bien en vida, Stalin tuvo algo que ver. Por cierto que su editora en España, Marian Womack de Nevsky, también tiene un gato. Y entre los americanos, Charles Bukowsky tuvo varios gatos cuando alcanzó el éxito.

En el caso español, a Fernando Sánchez Dragó le gustan mucho estos animales, ya que escribió el libro Soseki: Inmortal y Tigre a la muerte de su mascota, quien tuvo incluso un entierro, aunque sólo acudieron los íntimos. La escritora española Espido Freire tiene tres gatas, me consta. Y también tiene éxito editorial. Francisco Nieva llegó incluso a dedicar un artículo en ABC a Rayito, su gato. Federico García Lorca también les escribió una oda.

Como verán, parece que la relación entre un escritor y un gato (o entre un artista y un gato, en general) suele ser bastante fructífera, como si se estableciera un vínculo místico entre el mundo conocido y el de la fantasía y el gato fuera la llave que abre ambos mundos.

En cuanto a mí, no tengo gato.

2 comentarios:

Mameluco dijo...

De Lovecraft si lo sabemos, era un gran amante de los gatos.
Los valientes gatos de la Luna, que salen a mansalva en "La Búsqueda Onírica de la ignota Kadath" (del ciclo de aventuras oníricas de Ramdolph Carter) bien lo demuestra.
Aparte, en su vida privada, y herencia de su madre y tías siempre tuvo gatos, pues no dejaba de ser un solterón que vivía solo con los felinos como única compañía.

Reverendo JFK Tadeo dijo...

os habéis dejado a burroughs! el tipo escribió un libro completo dedicado a los gatos, y por lo que se ve --no he leído el libro directamente-- el tipo pensaba que los gatos pertenecían a una especie animal del pasado con capacidades psíquicas (!) ... aquí se explica algo sobre el tema ...

super curioso además todo el discurso este que relacionaría gatos con esquizofrenia

un saludo