lunes 22 de noviembre de 2010

Gilbert Rigaud y las entrevistas


Gilbert Rigaud era (y es) un francés con mal café que nos daba clase de Iluminación y de Documentales en la Universidad. Por debajo de su mal genio y sus desplantes había una sincera preocupación tanto por los alumnos como por el cine. Recuerdo cómo cuando hablaba de Jonas Mekas decía "sus documentales están llenos de Belleza y Verdad". Así, dictando eso en clase.
Entre otras muchísimas cosas, nos pasó unos folios sobre cómo debían de ser las entrevistas. En una parte decía "Las entrevistas deben dejar de hablar al entrevistado, y no satisfacer la patología narcisista del entrevitador". Por supuesto, conseguir que "hable el entrevistado" es bastante más difícil que, sencillamente, dejarle hablar. Hay que conseguir que el entrevistado coja confianza y se sienta cómodo, y evitar (creo yo) manipularle a tu favor. La mayoría de la gente, frente a una entrevista, adopta una actitud defensiva que camufla de simpatía. Es normal. Solo a los exhibicionistas les gusta que les vean en pelotas.
Gilbert nos puso muchos documentales, entre ellos este:




La historia de un hombre que no pudo, no quiso, o no supo avisar al mundo de un desastre. En este caso, sí que se hace un enjuiciamiento, pero Claude Lanzmann hace cine de compromiso (de compromiso de verdad, no del que estáis pensando todos). Maurice Rossel, oficial suizo de la Cruz Roja, se convierte en un viviente que pasa. Visita un campo de concentración y no percibe nada raro. No es un juicio al hombre Maurice Rossel, sino a todos los que no ven nada raro cuando lo hay. Todos los que apartan la vista porque es más cómodo y les evita problemas.

Pero claro, no todas las entrevistas son a personalidades ni a personas clave en un momento de la Historia. También está la entrevista de promoción encubierta, la entrevista a una personalidad. La primera vez que oí hablar de Houellebecq fue en una entrevista en "Ajoblanco". El francés terminaba la conversación diciendo "Lo sé. Soy un fastidio". Eso, junto al resto de declaraciones, me hicieron interesarme por "Las Partículas Elementales". Libro que no os recomiendo, la verdad. Sí, está muy bien, pero es deprimente. Mientras yo lo leía hecha polvo, y luego me pasaba a "La Sonata Kreutzer", este hombre tocaba con su grupo en Benicassim y se ponía, supongo, hasta el culo. Aunque si no os consideráis hipersensibles, sí os lo puedo recomendar.
En esta línea de entrevistas, las de semi-promoción, siempre podemos encontrar alguna joya


No obstante, las exigencias del público hacen que las cosas sean un poco menos serias. Este video es de los ochenta y la televisión y la audiencia han cambiado mucho. Ahora se busca más que el invitado sea una persona desenfadada, abierta... Rulfo quizás no sería la persona más indicada para un prime-time, por muy interesante que sea. Alguien como Bill Hader,por ejemplo, sí encajaría en este ejemplo.


O incluso, este otro...


El primero es una entrevista con Bill Hader quien, aparte de ser mi amor platónico - al que nunca me encontré en N.Y. por más que pasaba una y otra vez por delante de su lugar de trabajo - es una de las estrellas más brillantes del SNL.

El segundo, una entrevista con Joaquin Phoenix cuando quiso hacernos el lío haciéndonos creer que se había vuelto majara. En realidad estaba grabando (y promocionando con antelación) la película "I'm Still There".

En ambos casos es una entrevista de promoción divertida, ligera, y llevada con inteligencia. Todos lo pasamos bien: el público, el entrevistado, y el entrevistador. No es ni mucho menos "Un Vivant Qui Passe", ni "Shoah", ni una videointrepretación del "Yo Acuso", pero no podemos estar serios todo el santo día. También necesitamos productos ligeros para cuando volvemos de trabajar.

Como hacen en "El Hormiguero", donde la ligereza es tal que se hace incómodo para entrevistado y público. Para el entrevistador, por lo que parece, no. Disfruta riéndose de unas estrellas que sí, venderán miles de discos, cobrarán oro puro en abundancia, serán conocidos hasta en Shangri-La, y tendrán mansiones en L.A., pero qué cojones. Son gilipollas, ¡no hablan español! ¡Menudos capullos!


Gilbert, nos mentiste. Lo importante es reírse del entrevitado. For the LOL

2 comentarios:

Gaspar Hauser dijo...

Lo peor no es la auto-entrevista, sino la entrevista-espectáculo, que es profundamente denigrante para el entrevistado. Y lo peor es que no puede escapar: está obligado por contrato. Las reglas del juego (de la promoción).

Por otra parte, yo sí recomiendo 'Las partículas elementales' (el libro, claro, no la película). Es deprimente, sí, pero porque cuenta la realidad REAL, no la de Fernando León y compañía.

Anónimo dijo...

suelo pasar vergüenza ajena con las entrevistas de la tele. Os recomiendo ver las entrevistas que se hacían en la "Edad de Oro"