Cibeles es una cosa que al ciudadano de a pie le trae al pairo, porque en España (fuera no se) todo el mundo se hincha de orgullo al decir eso de "yo me pongo lo primero que pillo" y "lo de si la ropa combina o no es una pijada. Mira, con unos vaqueros y una camiseta negra...". Sin dejar de respetar esa opinión, yo soy más bien del otro extremo. Le dedico mucho tiempo a lo que me pongo y lo hago, sobre todo, porque igual que aprecio que la gente que entra en mi campo visual muestre un poco de arrojo, también me gusta mostrarlo yo. Luego me molesta que me miren por la calle, pero qué le vamos a hacer. Viviendo en Alameda de Osuna, lo raro es que no me tiren piedras (aunque bueno...). No hablo de la elegancia, ¿eh? La elegancia casi siempre me parece un petardo verbenero. Es el argumento que esgrime tu madre para que no te pongas minifalda, y lo que te dicen las compañeras de clase para que no destaques del montoncito gris que se montan para bailar en corrillo en el bar de Huertas que está muy bien porque dan 2x1 en chupitos.
Y sin embargo, a mi que me molan estas cosas, no voy a Cibeles. ¿Y por qué? Pues porque no me suelen invitar. Me han dicho que si haces un mínimo esfuerzo, puedes entrar al Espacio Cibeles, pero ni por esas. Y hoy he podido ir a la Madrid Fashion Week gracias a la invitación de la joven diseñadora María Escoté, cuya foto os pongo porque es muy guapa y su nariz me tiene obsesionada y no puedo dejar de mirársela. Es tan recta y estilizada...

Conozco a María Escoté - personalmente - del entorno Popy Blasco, y es una habitual de Cineshock. Sin embargo, cuando más y mejor la he visto hablar (porque en los mails y los saraos no da tiempo a mucho) es en uno de los extras de "The September Issue", cuya edición coleccionista aprovecho para recomendaros.
Volviendo a Cibeles, estando al lado de mi casa, me pregunté si no me estaría pasando con el conjunto. Al llegar al recinto y ver un amplio surtido de flores en el pelo, tacones y plataforma, sombreretes, tocados de los de las bodas, casacas, medias de fantasía, vestidos ceñidos, maxibolsos... Parece ser que, para ser joven estudiante de diseño o blogger de moda, lo suyo es plantarte frente a tu armario, saltar dentro, hacer la croqueta de un lado a otro, y salir con todo lo que se te haya quedado pegado. Siempre es mejor más que menos. Curiosamente, la gente que pude identificar que sí se dedicaba a estas cosas - aunque yo tampoco estoy muy puesta - habían tirado no ya por la sobriedad, que no, sino por esa costumbre que los hispanoparlantes identificamos como "cortarse un pelo". Incluso el estilista Julio Prieto iba con un pantalón de chándal y una camiseta. Tal cual. De todos modos, yo no voy a aconsejaros sobre cómo tenéis que vestiros. Para eso está Josie
Para los que nunca hayáis estado en un desfile de moda, os conmino a que consigáis que la primera vez, si no estáis en el front row, os aseguráis de que os ponen arriba, para ver bien el espectáculo de un lado de la sala mirando fijamente al otro para fichar caras, estilismos, y recovecos sociales. Luego empieza el desfile de languidez faraónica al ritmo de electroclash y uno ya entra de lleno en ese mundo. Me dijeron mis acompañantes (Popy, Julio, y Miguel) que era costumbre, en Cibeles, proponer un vestido de novia para cerrar la colección. Semejante catetada ha caído, por lo visto, en desuso, y nosotros supimos que cerraba la colección de Ion Fiz cuando apareció por segunda vez su amiguísima Raquel Sánchez Silva . Ion Fiz a mi me da un poco igual, pero creo que si no eres una pija bella y muy jóven, con su ropa tienes que parecer una señora rancia.
En el lado opuesto (pero sin querer desmerecer a Ion Fiz) María Escoté hace ropa sexy que sienta bien y te hace atractiva sí o sí. Según Miguel Agnes, este Cibeles estuvo marcado por la austeridad. Y bueno, sí, había bastantes vestidos que eran variantes unos de otros, pero es el tiempo que nos ha tocado vivir. No obstante, la colección me hizo plantearme el tema del ahorro. Me gustaría tener alguno de los modelos de a continuación, y en particular, el cinturón del "No Me Olvides", título de la colección, e inspirado en esas esclavas que gustan tanto en Costa Polvoranca.
Mientras cuelgan estas cosas en las estanterías de Le Swing, voy a poneros un poco de lo que pasó en el desfile, para que veáis que pienso en vosotros:
- Carmen Lomana hizo acto de presencia comiéndose a todo el mundo. Parecía La Croisette.
- Nos regalaron a todos un bolsito de Wonderbra junto a uno de estos sujetadores. Como iba con cuatro hombretones, tengo cuatro. Dos para Clementina, dos para mi.
- Silvia Superestar siguió demostrando que es la tía cañón más cañón de Madrid.
- Dafne Fernández y Mario Chavarría aparecieron juntos de la mano. Yo el segundo no tenía ni idea de quién era, pero me he enterado gracias al post de Popy Blasco y...
- ...gracias al show que dió Miranda Makaroff (quien por cierto, aparece en Agnosia) al colarse en el front row.
-Aunque nada comparado con el show de Melania Pan, directora del Harper's Bazaar, que se llevó al desfile de María Escoté... una chaqueta de cuero de María Escoté bastante espectacular con la que no podía estar ni sentada ni de pie. Sin maquillar, ni peinar. Con dos cojones y un palito.
La chaqueta de la que os vengo hablando. - Llama la atención que en un recinto dedicada a la moda, en la cafetería no tengan más que cosas grasientas y bocatas hechos de plastilina.
- El concepto Kissing Room es de lo más bochornoso que he visto nunca. Después del desfile, te dan un ticket para que vayas a darle dos besos al diseñador, beber de gorra (que es en lo que consisten la mayoría de los eventos, la verdad), y acercarte a Paloma, darle un beso a Puchi, y sacarte una foto con Asier.
- Había un rincón para que, si sentías la urgencia de actualizar tu blog, te pudieses meter ahí a darlo todo metiéndote con tal o cual desfile, o a actualizar tu FB o a tuitear sandeces.
- Las estudiantes de moda pedían entradas para los desfiles, las pobres.
- La gente realmente guapa no se arregla tanto. Que lo sepáis.




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