martes, 25 de mayo de 2010

A orillas del Hudson






Hace un año no estaba pensando en “Fiat Homo” . Hace un año estaba intentando cuadrar cómo rodar “Pacific Southwest”, una historia que de momento ha quedado aparcada, en vista de que era imposible rodarla en dos días. Espero poder hacerla algún día, ya que creo que es una historia muy bonita que me gustaría rodar, pero que necesita más tiempo y más localizaciones (tampoco muchas más) que “Fiat Homo”.

El caso es que todo esto pasó en Nueva York, cuando aquí en Madrid no había manera de sentar la cabeza. Un poco como ahora, que estamos a punto de convertirnos en Grecia 2, si no lo somos ya. Muchos amigos me habían hablado de la experiencia de viajar a N.Y., pero no se parece en nada. Y no porque sea mejor o peor, sino porque es distinto. Te hablan de “bukkake sensorial”, de no poder dormir… pero yo no me encontré con nada de eso.

Para el que no lo sepa, a finales de abril, me fui a hacer un curso de dos meses, siete días a la semana, a la New York Film Academy. Teniendo en cuenta que estuve tres meses, la ciudad que me encontré fue una en la que coges el metro todos los días, en la que te tiras una hora en el transporte público, haces la colada en un sitio donde la gente aprovecha para leer, y la gente se divide por grupos sociales. En Nueva York todo el mundo habla con todo el mundo, y no necesariamente para ligar (eso aquí, sencillamente no pasa). Puedes tener diez conversaciones al día, desde lo superficial hasta lo personal, y eso no hace que tengas amigos. Tus amigos casi siempre van a ser de tu raza y estatus social. No importa lo que lleves puesto, nadie se va a fijar en ti. Una vez subí de la calle 14 a la calle 42 arrastrando un carrito y con una toalla enroscada a la cabeza, y solo una persona me dijo algo. Nadie es raro en N.Y. , ni nadie es extraño. Porque es la ciudad a la que va a parar la gente rara, sin más. La gente rara, y los paletos. Todos juntos. Por eso a la gente le gusta tanto. A mi me gustaba hacer lo siguiente: antes de meterme al metro, cogerme un desayuno en el deli: un te para después de lo que me había preparado en casa. Tomarlo mientras me lo vertía por encima, junto a mis compañeros del subterráneo. Mientras esperaba el tren, miraba las ratas, que eran gordas y hermosas. Dentro del tren, iba tomando notas para mi proyecto, o iba leyendo.

Clase. Las clases siempre eran prácticas (alguna escuela aquí podría hacerlo así, y yo me hubiera ahorrado años, dinero, y quejas). En el break, ibamos a comer las chicas por un lado (casi siempre, lo siento, es así) y los chicos por otro.

Las chicas eran todas asiáticas menos yo. Formamos equipo para el proyecto final. Hay una creencia misógina que dice que las chicas, entre ellas, no nos aguantamos. Yo nunca tuve ningún roce, por mínimo que fuera, con Ally, Jane, o Sakiko.


De izquierda a derecha, Jane, Sakiko, y Ally. Ni Jane ni Ally son sus nombres de verdad, pero por temas de pronunciación, todo el mundo les llama así. Cuando os encontráis con una china que se llama María, que sepáis que no se llama como vuestra hermana.

Después de las clases de por la tarde, si no ibamos a ningún sitio, me gustaba recorrer los barrios por turnos, para ver sitios de rodaje, y calcular lo lejos que estaban (no obstante, la cagué un par de veces con las distancias). Los que más me gustaban eran Chinatown, Nolita, el Village, y el Theatre District (a donde iba, las cosas como son, para ver si aparecía alguno de Lonely Island, o en particular, Bill Hader por la puerta de la NBC). Y Central Park. Y el Museo de Historia Natural. Y por supuestísimo, el Upper East Side, pero sólo por Gossip Girl.


Blair Waldorf, a pesar de lo que pueda parecer, suele vestir de Stop Staring! y es el personaje más completo de "Gossip Girl", por más que se empeñen en meternos a la plasta de Serena por las narices.


Este es el tipo de hotel, de edificio, que te encuentras en el Upper East Side. Y en este en concreto, por cierto, me encontré con un rodaje de un videoclip de Mariah Carey, para el cual cortaron la circulación durante dos días.

Times Square, cada dos por tres, cerrado también al tráfico, para rodajes varios. Y en general, un sitio malo de transitar.



El Soho, hace treinta años, cuando era un sitio de jóvenes artistas y te alquilaban antiguos almacenes a dos duros y luego te hacías ricos y famoso.


En Chinatown ves mucho colorín y mucha animación, pero es uno de los sitios más sucios que he pisado en mi vida. En Nueva York, por algún motivo de impuestos y ordenes municipales, el estado de las calles va en consonancia con el nivel de vida del barrio.

Y a Coney Island le tengo un cariño especial desde antes de ir, y mucho más desde que fui y pude rodar allí. Al igual que a Staten Island, donde no pude rodar, pero que hubiera sido perfecto también.


En el sitio de la señora de la hamburguesa te ponen unos beef pattys que te mueres. Dios, ¿dónde dan beef pattys en Madrid? T___T


La verdad es que montar en el Wonder Wheel, teniendo en cuenta lo mucho que para, no es como uno se lo imagina, pero al menos... lo hice. Como en esa escena de "Monstruoso"...

De Staten Island no hay muchas fotos porque es una isla en la que no hay prácticamente nada. Para que el autobusero me dijera que no bajara del bus... creo que lo único memorable, aparte de un decorado precioso y unas playas interesantes, es el video Giraffes.

Un amigo de Gachas me cedió alojamiento, y allí pude vivir entre dos barrios completamente distintos: el de los judíos ortodoxos y el de los dominicanos. Desde mi calle hacia arriba estaban los judíos, que tenían (no es broma) cocina kosher, y tabla para circuncidar. De mi calle para abajo, nadie hablaba inglés, y a mi no me hablaba nadie por mi pinta, sin más. Por mi pinta de blanca, digo. Si algo aprendes en Nueva York, es a valorar en racismo en su justa medida.

Otra cosa maravillosa de N.Y. que echo de menos es llegar a casa, a la casa donde vivía sola (¡eso sí es libertad!) y regar las plantas, echar la ropa al cesto de lavar, y ver una película o una serie en el sofá, en silencio absoluto. Silencio absoluto si ignoramos por supuesto los bocinazos, el reguetón, y la marcha imperecedera de los dominicanos de debajo. Y al ir a correr, ya que Nueva York es una ciudad robada al bosque, ver la naturaleza salvaje de orillas del Hudson, y al otro lado, New Jersey.

Nueva Jersey es un estado que tiene bastante mala fama, y después de conocer a dos personas de allí, lo entiendo al 50%. Los neoyorkinos desprecian a los de newjersey sin más. El caso es que el Hudson está rodeado de árboles gigantes y ratas tan grandes como mi cabeza, que acostumbradas al trato con humanos, ni se inmutan al verte pasar.

A veces he ido a algún sitio esperando encontrarme con un ambiente en concreto, pero Charles Womack estuvo hablando un día diciendo algo sobre que el sitio chungo de N.Y. se había movido. Y luego lo he visto expresado en un comic de Will Eisner, en una película de Jim Jarmusch, y en más sitios. Es verdad. N.Y. es una ciudad demasiado grande para que nada permanezca. Los sitios cambian a razón de un par de años. Desaparecen, se destruyen, renacen, se van unas calles más abajo… No vale con lo que queda grabado en una película. Hace pocos días viendo Frankenhooker salía el Theater District cuando era la zona de las putas, y a día de hoy es una Disneylandia para turistas, y es casi imposible ver una meretriz. Sin ir más lejos, Coney Island está amenazada de demolición para dejar paso a un centro comercial gigante.

El Soho, conocida como zona underground, es más bien un cuadrante pijísimo de tiendas caras y cafeterías para cincuentones. Little Italy no es más que un par de calles con restaurantes italianos para las parejas de otros estados. Las guías no van tan rápido como la ciudad.

Algunas personas (solo dos) me han pedido consejo para ir a la New York Film Academy. Tengo pocos, pero los tengo muy asumidos:

- Llega allí al menos una semana antes de empezar las clases. Por las alergias, por los transportes, por el alojamiento, y por la costumbre.

- Se legal. No hagas lo que no quieras que te hagan a ti, porque no quieres ser ese tío al que nadie quieren en su equipo. Y si tienes una carencia muy gorda como compañero, haz destacar el resto de tus virtudes a tope. Por tu bien, por tu corto.

- Haz todo el bien que puedas a los cortos de tus compañeros, dalo todo todo el tiempo, porque el bien de tu equipo es tu propio bien. De verdad. Lo es.

- No pierdas un rodaje por ir de fiesta. Ni se te ocurra.

- Emplea tu tiempo libre en actividades que puedas aprovechar en tus cortos.

- Antes de cogerle manía a un compañero, asegurate de que estás siendo objetivo. Puede que el exceso de tiempo juntos te haga juzgarle mal. Esto es como Gran Hermano, todo se magnifica.

- No sobreestimes tus posibilidades, pero tampoco tires por lo bajo para hacer una chapuza. Solo estarás ahí una vez en la vida.

- No hagas cutradas para salir del paso. Estás en una ciudad muy bonita. No enfoques las cosas más mundanas pudiendo enfocar … cualquier cosa.

- Pierde, lo primero, la vergüenza.

- En España no, pero allí casi todo el mundo va a querer participar, de un modo u otro en tu corto. Solo asegúrate de recoger luego, de dar, durante el rodaje, comida y bebida calientes, y un DVD cuando todo esté terminado.

Y todos estos consejos se resumen en tres:

Se responsable, sigue tu instinto, y no seas cutre.

Por lo demás, Fiat Homo está ya terminado, y los DVD’s están en construcción. Estamos viendo dónde hacemos un estreno a bombo y platillo, para que podáis ir los más posibles, y como habréis visto, Mik Baro ha hecho un trabajo espectacular con el cartel, y con el encarte (eso ya lo veréis a su debido tiempo).

Así que para el recuerdo, aquí dejo algunas fotos de Nueva York…y mi resumen: EN NUEVA YORK TODO ES DE MENTIRA, MENOS LA GENTE.


1 comentario:

Osano-Wo dijo...

Todo eso esta muy bien, ¡pero no fuiste a ver el edificio de los cazafantasmas! :P

Fuera bromas, es una experiencia, ya sea ligada al cine o no, que me gustaría vivir. Tanto allí como en Japón.