sábado, 23 de enero de 2010

Un ciclo para el 2009 (parte 1)


Creo que de no estar haciendo el videoblog de “Otaku y Carcamal”, no haría un post sobre las que para mí son las mejores películas del 2009. Porque si me importa bien poco cuáles son las de los demás, buena gana de lanzar mi lista al ciberespacio para que le importe bien poco a otros. Pero así es el éxito, que te cambia antes de que puedas ponerte el dedo bajo la nariz, en horizontal, para frenarte un inoportuno estornudo.

Así pues, he elaborado la lista de filmes Sabadú del 2009. Ya sabeis que yo no critico, yo opino. Y si bien las opiniones son como las posaderas, que todo el mundo tiene un par, la mía sí que es fiable, porque yo tengo criterio, y además un criterio bueno, no como esa mierda que se puede leer por ahí.

Lo innovador y nunca visto sobre la faz de la Tierra es que están sin ningún orden ni concierto. No hay una más favorita ni una que me gusta un poco menos. Están las que están. Y si hay una de más o de menos, es que tiene que ser así.

Y por cierto, no son diez. No se cuántas son, porque no las he contado.

Buscando un beso a medianoche. Que Adrian Tomine es más malo que la Bruja Mala del Este - en buena hora le cayó una casa encima – es un dato que no está todo lo extendido que debiera. Tomine, neoyorkino con sobredosis de meltingpoint y cafelitos en el Village, ha institucionalizado (pero no sin ayuda) la relación de pareja disfuncional como corriente estética. El ser capullo, distante, incapaz, un discapacitado emocional, infantil, egoísta, y llevar las tendencias a la última y más absurda de las consecuencias, puede ser no solo un anuncio, un videoclip, y un perfume, sino también tu leitmotiv en este skyline de lágrimas.

Pues todo lo que un comic como “Shortcuts” inmortalizó, la película de Alex Holdridge (otro, ¡otro! Director nacido en Austin,TX) se lo lleva a la lavandería Indie, lo mete en el programa de los 180º, y convierte en una camisa blanca que puede ser usada de nuevo. Ya la llenaremos de lamparones. Pero en otro momento. Ahora está limpia.




Argumento: un chico que quiere ser guionista pone un anuncio para encontrar pareja. Al contrario que en la vida real, una chica interesante y encima guapa (él también es guapo), responde a la misiva. Como los dos están medio turulatos y son de buen ver, viven divertidas y entrañables aventuras en el último día del año. A lo mejor a vosotros también os pasa una Nochevieja de estas. O a lo mejor no. Casi seguro que no. Pero en el cine es posible. SPOILER: El momento “realidad” llega cuando el muchacho escucha la voz de su exnovia y se echa a llorar como buen blando con abrigo entallado por las rodillas que es. Como ella ya le ha contado sus penas con su ex, están en tablas. Como la vida misma. Mierda para ti, mierda para mí. FIN DEL SPOILER.


Zombieland. Ya lo dije aquí, pero lo repito, con más articulación verbal: estoy hasta el peeep de que los jóvenes directores de “trentaytantos” basen su obra en sajear sin piedad el legado de los directores de generaciones anteriores que les gustan. Entiendo que no tengas absolutamente nada que decir, pero no lo disfraces de homenaje, nostalgia, y que si eres de Nesquik o Cola-Cao. Muy bien, te gusta Fulci. Muy bien, te gusta Romero. Pero es que ellos ya hicieron eso. Hace treinta años. Y es que, la cosa que pasa, es que estamos en el 2010. Ni Goonies, ni Spielberg, ni tu puta madre haciendo surf. Pero al fin ha venido alguien ha hacer algo con personalidad. Se trata de Ruben Fleischer, y ha hecho una película de zombies divertida, un poco gamberra, un poco tierna, que no es la mejor del mundo, pero sí es una de mis favoritas, que vería veinte veces del tirón, y que tiene un reparto de todo aciertos. Donde el protagonista tiene colon irritable y su fiel compañero lo daría todo por comerse un rico bollito (yo esto lo entiendo, porque hay días en los que solo pienso en la bechamel que voy a hacerme por la noche) , en la que los zombies tampoco son para tantos y en la que nadie piensa mucho en el mañana, porque no hay. Ha hecho ¡su propia película! Y sí, el Cameo de Bill Murray se mezcla con el “more cowbell”. Solo me ha faltado que un mono vestido de mayordomo me masajee el cráneo. Puede ser porque él viene de la comedia (ha trabajado con Galifianakis y Jimmy Kimmel) o porque en vez de una colección de camisetas negras tiene una personalidad, chi lo sa.



Argumento: Columbus, un pajero solitario con colon irritable, escribe las reglas para sobrevivir en un mundo asolado por los zombies. Se juntan todos y pasan cosas. Sale Jules la de Supersalidos. Creo que está todo dicho.


Away we go. Cuando le comenté a Cascante que iba a ver la última película de Sam Mendes, me dijo “¿pero este hombre caga películas?”, y decía que era imposible, porque hacía nada había hecho “Revolutionary Road”. De hecho, Mendes rodó y montó(¿?) “Away we go” después de rodar “Revolutionary Road” y antes de montar esta misma. Según dice en pressbook, íntegramente con material reciclable, signifique lo que signifique eso. El resultado va bastante más allá de la publicidad que pueda darles este tipo de actos eco-amigables. Es una película honesta. De lo que se deduce que hay películas mentirosas. Que las hay. “Away we go” es una atípica road movie sobre una pareja que busca un lugar en el que quedarse para criar a un niño. No tienen casi nada, solo a ellos, y huyen encontrando reflejos distorsionados de los que es una familia. Intentando encontrar un pilar para su propia casa futura, lo construyen ellos mismos con cada experiencia. El choque entre la primera impresión de cada grupo humano y la posterior decepción, lleva el acierto de los guionistas de ser rematado con toques de comedia salvo en una ocasión. Aunque el mayor acierto es no ofrecer juicios, sino limitarse a acompañar a los personajes en su viaje a su nueva casa.



La actriz, lo habéis adivinado, es Maya Rudolph, ex-SNL, ese programa que tantos grandes actores, guionistas, y monologuistas nos está dando en esta última etapa (aunque bueno, siempre lo hizo). Cascante me informó - y he corroborado en imdb que es cierto - de que está casada con Paul Thomas Anderson, el director que mejor ha plasmado las lluvias de ranas en la gran pantalla. Enhorabuena a la feliz pareja.


Y hasta dentro de TRES días, esto es todo, porque si no, no os lo vais a leer, que me conozco la historia.

3 comentarios:

Jimina Sabadú dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jimina Sabadú dijo...

Hum... ¿funciona esto?

Andor dijo...

Yo diría que si...